Juguetes al microscopio.

(Pascual y Vivas, miembros de nuestra Asociación).

Existen unos juguetes de hojalata que fueron fabricados en el cambio de siglo del XIX al XX y principios de este último, productos del proceso de aplicar la estampación litográfica a la hojalata, acabando así con el más laborioso y lento método de la soldadura de piezas y pintura a mano. De todo el inmenso universo que estalló, ya que era la producción más fabrilmente rápida, nos vamos a centrar en los juguetillos pequeños, casi de bolsillo, de los que surgió el nombre genérico “pennytoys” por ser vendidos a un penique o su equivalente en países como Alemania, Francia o Reino Unido y que solían venderse por las calles o en quincallerías de las grandes ciudades. Y por extensión, todo juguete de tamaño reducido.

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Entre estas piezas estamos hablando de cubitos de playa, panderetas, tamborcillos, molinillos, palas, cestas de jira, cabases, latas de chocolatinas, barquilleras, vajillas, mobiliario, regaderas y un largo etcétera, sin más mecanismos que el del simple manoseo. Sin embargo, sus estampaciones litográficas los hacen poderosamente atractivos, si a ello además sumamos la pátina oscurecedora del tiempo. Al igual que las flores atraen a las abejas con su colorido, estos juguetes, que no disponían, como otros, de automatismos a cuerda poderosamente atractivos, debían maquillarse primorosamente para atraer a los niños.

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Al margen de que muchos de estos juguetillos representaban en sus superficies el tema para el que habían sido concebidos; por ejemplo, es fácil que en un cubo de playa haya representado un niño en la playa, aparecen otros temas en otros juguetes sin que aparentemente tenga una explicación la representación con la intención del juguete, o sea, se trata en muchas otras ocasiones una temática genérica, con la única intención del placer de ilustrar o la intención de atraer. Por eso podemos ver molinos de viento en una cesta de jira o una gheisa  en el fondo de una bandeja de mesa.

¿Qué hacía, pues, que se diseñara una estampación determinada para un juguete, sin que tuviera mucho que ver una con la otra cosa?  ¿En qué se inspiró el maestro impresor o el ingeniero industrial para perpetuar una escena u otra en un objeto condenado a perderse?

Después de la observación de muchos ejemplares litografiados  de este género, se puede llegar a una serie de deducciones que se encierran en una: nada es casual y todo es producto de la propia cultura que nos ha amamantado.  De tantos y tantos dibujitos coloridos y nublados por el tiempo, se puede hacer un campo que encierra unas cuantas temáticas que se repiten una y otra vez, y cada una destilada de un remolino cultural. Las temáticas, a saber, suelen siempre ser:

Infancia: Un tema que cae por propia lógica al tratarse de juguetes, pero que presenta muy interesante la faceta en que muestra los juegos de época, ya que frecuentemente se muestran niños jugando antes que estáticos. Entonces podemos observar, a veces deducir, juegos al aire libre como la gallinita ciega (ya en la pintura de Goya), el pañuelo, el aro, las tiendas, el trompo, la cometa…

Paisajismo: Poderosamente atractivas las escenas enmarcadas en paisajes dulcemente bucólicos, y dentro de ellos no es difícil encontrarse con molinos de viento, un elemento que se hace imprescindible en algunos casos, a veces con personajes vestidos a la manera holandesa. Todo esto nos recuerda la influencia diferida del Siglo de Oro holandés, donde el paisaje tuvo una alta inspiración en la pintura, de ahí que integren el molino en el paisaje.

Aguas: En versión mar, lago, río o fuentes, aparecen recreando un mundo de paraísos. El mar da sensación de extensión, el lago de serenidad, el río de alborozo y la fuente de edén. Se trata, pues, de recubrir el juguetillo insignificante de un toque generador de felicidad. Un mensaje de imágenes, ya presente mucho antes que llegara la rabiosa publicidad actual.

Fábulas: La representación de animales es muy característica, bien entre los de la misma especie, entre distintas especies, en relación con humanos o muy a menudo vestidos como tales y con cualidades humanas, fenómeno derivado de las fábulas, que practicaron la pedagogía y constituyen una literatura tan propia para niños; de donde se deduce el carácter pedagógico de fondo de este tipo de juguetillos.

Dentro del mundo animal es muy curioso el tratamiento de escenas con monos vestidos de hombres, practicando actividades como música, juegos, bailes… Y esto hay que ir a buscarlo al siglo XIX francés, cuando los maestros relojeros fabricaron los mejores autómatas de la Historia. Pues los hubo en gran cantidad en forma de monos que realizaban movimientos tan complejos como tocar violines o jugar al billar, que no representaban más que una fuerte crítica a la nueva burguesía inculta aparentando modas y gustos aristocráticos, sin duda  forzados.

Cuentos: Se sitúan en la misma fuente que el tema anterior. Estos juguetes se salpican de literatura infantil, en este caso a través de los cuentos maravillosos, o quizá mejor expresado, de los elementos que los ilustran.  Así pueden aparecer gnomos, castillos, bosques, cisnes, princesas…

Circo: El gran espectáculo histórico, en la actualidad sumido en la decadencia, tiene mucha presencia en estas hojalatas, y dentro de este, la figura del payaso, poderoso elemento de atracción de los niños, está presente en todas las escenitas circenses. El payaso lo tiene todo; colorido, desproporción, humor, bondad… como si se tratase de un niño mayor de edad, o lo que es lo mismo, un cómplice o un enlace entre la infancia y el mundo adulto.

Hojas y flores: La ornamentación con vegetales, debidamente estilizados y manipulados, tiene su origen en el conocido movimiento artístico del Modernismo, que fue en gran medida coetáneo con las estampaciones litográficas, por lo que sus manifestaciones son muy abundantes en estos juguetes, hasta donde llegó su influencia. Reconocido es que el Modernismo salpicó hasta el más ínfimo rincón de las vidas en su tiempo. La nueva estética dio paso a unas líneas de fantasía y unas curvas colgantes que se vieron desde la fachada de un edificio hasta una lata de caramelos.

Orientalismo: Derivado también del Modernismo, el tema oriental se deja ver en muchas superficies, con estampas preciosistas de atuendos, pagodas, damas, farolillos… El tema también tuvo mucha raíz en las latas de condimentos y especias, aludiendo a un mundo lejano de donde podían proceder estos productos, sin duda bajo el efecto expansivo modernista.

Juguetes: Sin duda, se trata de una acción reflexiva en la decoración. El juguete lleva dibujitos de juguetes en muchos casos, de igual forma que un paño de cocina tendrá bordadas imágenes de alimentos. La intención, a veces, aparte de recrear un mundo de juego, pasa por ilusionar a los niños adquiriendo otros productos. La casa Payá utilizó este recurso en algunas de sus cajas de cartón, que contenían el juguete en cuestión.

Costumbrismo: Las escenas como personajes con burros, trajes típicos, aguadoras en sus fuentes, toreros, pastores… y todo lo que representa el mundo castizo o lo tradicionalmente nacido de la tierra, decora muchas piezas, lógicamente cuando las piezas recuerdan lo propiamente castizo, en la misma acción reflexiva de la que hemos hablado. Es el caso de panderetas o tambores, por decir. Pero si seguimos el hilo más arriba de lo que simplemente se ve, encontraremos raíces en el Romanticismo, movimiento artístico y cultural que tuvo su apogeo en la primera mitad del XIX, con influencia un tanto diferida, al igual que ocurrió con los autómatas franceses. Algunas estampas parecen sacadas de la imaginación de Larra, Bécquer o el Duque de Rivas.

En cualquier caso, todos estos cacharritos, aunque nimios, encierran en sí un producto resultado de una Historia y una cultura que nos ha hecho a todos un poco.